¿Alguna
vez te has sentido como un ratoncillo robando queso a hurtadillas de una
cocina?
Yo os voy a contar una
historietilla, aquí en familia ahora que nadie nos lee, de aquel día que me
sentí un ratón.
Aquel día que me sentí un
ratón el tiempo se detuvo. Se detuvo de muchas maneras. Para mí se detuvo
porque me vi con un manjar exquisito entre manos que no quería soltar y quería
conservar por mucho tiempo.